
Tras una temporada en Pekín, Roy y Jessie, deciden viajar hasta Moscú en el mítico Transiberiano, el ferrocarril que une la Rusia europea con las provincias del lejano Oriente ruso, Mongolia y China. Aunque la gente que viaja en el gigantesco y algo tétrico tren es bastante extraña, la pareja no tarda en entablar relación con sus compañeros de compartimiento, Ian y Abby. Sus caminos se cruzarán con el del inspector Grinko, que investiga el asesinato de un narcotraficante.
Aunque todos conocemos los elementos del cine de Hitchcok, no es nada fácil crear una película con una atmósfera similar a la del genial director. Los antecedentes del director de esta película (Brad Anderson) describen con pulso firme un cine sorprendente, fresco y sencillamente genial. La línea argumental de la película es bastante simple, sin embargo el filme captura al espectador porque los ingredientes están bien presentados. Una atmósfera sórdida, sensaciones de zozobra y desprotección, guión bien orquestado in crescendo a medida que pasan los minutos y la capacidad para trasmitir las sensaciones de angustia y pánico atrapan al espectador que entra en esa espiral de acontecimientos sin salida aparente. A todo esto el maravilloso y desolador escenario gélido ayuda a entramar los hechos concurrentes. Magníficas interpretaciones como la de Emily Mortimer, el siempre sobrio Ben Kingsley unidas a las de Woody Harrelson y un sorprendente Eduardo Noriega. En definitiva, una intensa película con muy buenas dosis de suspense y una narración impecable.
|
0 comentarios:
Publicar un comentario