miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Greco


Corre el año 1566. Tras huir de la ocupación veneciana de Creta, su isla natal, el pintor Domenicos Theotocopoulos (Nick Ashton) llega a Venecia y comienza a trabajar en el estudio de Tiziano, donde pronto destaca sobre el resto de los artistas. Allí es descubierto por el Niño de Guevara (Juan Diego Botto), un sacerdote español con el que mantiene una extraña relación. Años después, el pintor se traslada a Madrid y se enamora de Jerónima de las Cuevas (Laia Marull), hija de un noble militar, con la que tiene un hijo. La pareja se establece en Toledo, ciudad en la que El Greco triunfa como artista. Su privilegiada posición le lleva a rodearse de las más altas esferas políticas y religiosas, incluyendo a su antiguo amigo Niño de Guevara, ahora convertido en el Gran Inquisidor.


Cuando se trata un biopic, existe una estructura de cumplimiento obligatorio. En un principio hay que conocer bien aspectos subjetivos del personaje para que el protagonista interiorice su papel. La situación histórica es muy importante, habrá que evitar ciertos anacronismos que reducen la obra (aunque en esta película no se vería con malos ojos esas fugas de tiempo, ya que un cariz de la pintura del Greco es precisamente el anacronismo) y por supuesto contar bien la historia por la cual es llevada al cine. Creo que esta película cumple escrupulosamente todas estas premisas, contamos con un guión muy bien orquestado donde sólo en contadas ocasiones se incrementan algunos comportamientos, supongo para darle más empaque. Las interpretaciones son correctas, no tuvo que ser nada fácil para Nick Ashdon interiorizar un genio con tantos detalles y cambios de personalidad, Juan Diego Botto en su nivel de buen actor y mención especial a Laia Marull que nuevamente firma una interpretación soberbia. La música de vangelis adorna una historia muy bien contada con una excelente factura técnica.

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